martes, 6 de julio de 2010

Ni serca ni legos

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He de confesar que cuando me enteré que viajaríamos en Aserca me dio un mal pálpito, un estremecimiento, uno de esos que llaman “no sé qué”. Y es que cuando apareció esa línea aérea en el mercado volador nacional recuerdo haberme dicho: nada que salga a la luz mal escrito puede funcionar bien, mucho menos si va, provocativamente grande, en el fuselaje de un avión. Palabra santa. Nuestro primer viaje en Aserca (y quieran todas las potencias celestiales que sea el último) fue un enorme error ortográfico, un accidente coreográfico, una pifia humana.
 
Aunque habíamos comprado los pasajes con quince días de anticipación, aún habiendo confirmado y reconfirmado cada vez que se nos ponía la piel de gallina al pensar en esa s mal puesta, a pesar de tener nuestros boletos en la mano, al llegar al aeropuerto, con más de dos horas de anticipación y después de hacer una cola de media hora, nos recibió una chica que con su cara tan lavada, tan ignorante de lo que es hacer las cosas correctamente, tan ortográficamente criolla pues, nos informó que no viajábamos en ese ansiado vuelo de las 7:50 pm si no en uno especial que salía a las mismas 7:50 pm: Ud. Sabe, como hubo sobre venta de pasajes... tienen que registrarse allá, donde dice “Vuelos especiales” y gracias por volar con Aserca. Aserca con s. Supongo que el nombre es un conjunto de siglas que abrevian un nombre particular, pero nadie supo decirnos su significado, asunto que nos dejó mucho más intranquilos y con la sensación de que el error no era sólo ortográfico sino nuestro, porque tampoco hubo dios que nos aclarara el entuerto ni pidiera disculpas. Claro está, en el país donde todos hacemos de todos lo que nos viene en gana, aún cuando se esté pagando (y cómo) un servicio, no hay razón ni obligación de dar explicaciones o para bajar la mirada.
 
Mezclados en un nervioso cóctel tropical esperábamos salir por la misma puerta y a la mismísima hora (8:30 pm) pasajeros con destino a Valencia y los que llevábamos rumbo a Porlamar. Huelga decir que nadie entendía ni sabía nada porque no hubo serca nadie de Aserca. Finalmente a las 8:45 comenzaron a embarcar los de Valencia. Yo, candidota, inocentona y “buenas noches, señorita” adelante, me aserqué a preguntar por la hora de salida del vuelo a Porlamar. Me respondieron en coro los tres empleados: uno dijo “a las 8:30”, otra “a las 9:00” y el tercero “ya le avisaremos” y desaparecieron tan simultáneamente como habían hablado.
 
Un rato después apareció un gordito (nada contra los pasados de peso, es sólo para más señas) y nos dijo, tan rápido como pudo, que el buelo salía a las nuebe porque había que esperar la yegada del avión que benía de Santo Domingo. Una lista de pasajeros hecha a mano, muy autóctona, tan artesanal, tan de turismo interno era lo que blandía el gordis mientras intentaba poner orden en el despelote que se le formó con el ultimo anunsio.
Muy serca de las nuebe la cosa senpesó a poner tenza porque para ese momento ya el vuelo salía: bueno, mi amor, para certe cinsero, entre nuebe y cuarto i nuebe y media. O sea, le dije, como a las diez. Y me regaló la más sincera de sus sonrisas.
 
Con puntualidad asombrosa fue a esa hora que comenzamos a embarcar sin puestos asignados y nada de ancianos, niños y mujeres embarazadas primero. El proceso de llenado se retrasó aún más porque el asiento de la señora que iba delante de nosotros tenía un pozo enorme. En nuestra fila, de tres luces funcionaban dos, un asiento no se podía inclinar y las salidas de aire, todas tres, eran autónomas. Dando tumbos llegamos a la isla para encontrarla inmunda, descuidada y desordenada, como si no hubiera gobierno, como si no fuera el lugar turístico más promovido de esta nación bolivariana.
 
El regreso fue igual pero patrás.
 
Para todos, mis mejores deseos y que Bolívar los acompañe hasta un nuevo amanecer.
El Nacional, diciembre 2000

miércoles, 12 de mayo de 2010

La muerte en numeritos

(Ilustración: Rogelio Chovet)


Tarde de tormento. La niña tiene prueba de matemática. Otra vez nos enfrentamos al cuestionario existencial que nos ocupa, nos sacude, nos martiriza cada víspera de examen. Ella, con la vehemencia de su edad y el desasosiego de quien no entiende más allá del dos más dos es tanto, interpela a la vida: “¿Para qué me va a servir todo esto cuando esté estudiando arte”.
En su angustia, pobrecita, siempre busca la mirada de ese ser que ella supone fue puesto en su camino para proporcionarle paz, serenidad de espíritu o, al menos, cierta calma: su madre, o sea yo. Yo que todavía sumo con los dedos, resto igual pero en voz alta y cuando me toca dividir tengo que poner los ojos en blanco y sintonizar la mente en alfa - omega. Es tan seria mi aversión por las cuentas que el cálculo renal hasta me resulta amigable.
La verdad es que no sé qué espera ella de mí. Quizás que le pase la mano por la cabeza y le diga, con escasa convicción, que sí puede, que falta poco, que...
Pues eso —y gestionar las clases particulares— es lo que he estado haciendo desde que, años atrás, me pidió ayuda para multiplicar unos quebrados. Ese día, aterrada ante la idea de tener que calcular en zig zag —que es como recuerdo que se sacan esas cuentas— con toda honestidad me declaré incompetente y le dije: hijita, busquemos ayuda profesional. Ese mismo día aprendió que las madres no somos perfectas y ese día, también, comenzó a pulirse en el arte de jugarme quiquirigüiqui con los vueltos.
Ahora, cuando escucho al insigne, paciente, heroico cuñado Enrique hablarle de cosas como “menos infinito” tiemblo y hasta llego a justificar cualquier mala calificación. Si ya el concepto de lo que no tiene principio ni fin la martiriza, ponerla a pensar en infinito, pero en versión disminuida, bastará para que se quede divagando en el examen y raspe.
No sé, si como a mí, se le habrá ocurrido que la definición de identidad trigonométrica: una relación que es cierta para todos los valores de la variable considerada, es lo más cercano a la justificación de una infidelidad. Quizás, como yo, piense que hablar de “números complejos” es una de las redundancias más aberrantes que haya producido la mente humana. Me pregunto si tiene que esforzarse en dejar de pensar en el “de Oro” cuando le hablan de “binomios”. Quisiera saber —con cierto recelo, para que negarlo— qué ideas pasan por su mente cuando le piden que pase de la “forma rectangular” a la “Polar”. Me desvelo calculando el daño que habrá generado en su frágil espíritu creativo el tener que buscar barbaridades tales como la “concavidad de una parábola”.
¿Sufrirá mucho mi pequeñita? No me atrevo a preguntarle. ¿Habrá heredado la agudeza de su madre para jurar que la única explicación de una “progresión geométrica” está en la factura del mecánico? ¿Habrá podido dar una explicación más razonada al término “enésimo” que no fuera: “es el número favorito de mi mamá cuando me tiene que repetir las cosas más de una vez”? ¿Creerá, como yo, que lo más cercano a una “raíz imaginaria” es un apio con alitas de pollo, listo para la sopa?.
Yo me pregunto, como ella, ¿para qué? ¿Acaso alguien vendrá a decirnos en la tarde de un viernes quince, cuando finalmente lleguemos a la taquilla del banco “Consideremos la progresión aritmética de razón r dada por: {an}=a1, a2, a3, ..., an, an+2, an+1 …”
... Aunque, para como están las cosas, hasta de repente.
 
 
 
 

 

sábado, 8 de mayo de 2010

En el Día de la Madre


Referéndum consultivo


Yo diría, sin temor a exagerar, que mi familia materna es grande. Las habrá más numerosas, no lo dudo, como la de mi tía Belencita, que confesaba haber tenido 15 hijos vivos y quien, la última vez que le pregunté cuántos nietos contaba, me respondió: “creo que 60”. Pero igual, cuando mis abuelos vivían sumábamos un total de 36 almas. Ellos vivían en un apartamento de tres habitaciones y dos baños y allí, en esos escasos noventa metros cuadrados, nos reuníamos todos a celebrar cualquier cosa, hasta el Día de la Madre.

Cada grupúsculo familiar llegaba precedido por una mujer llena de guirindajos realizados en plastilina, papel maché o bizcocho de arcilla. En su cartera llevaba tantas tarjetas como hijos tuviere, cada una llena, entre arabescos y flores, de promesas de amor eterno y futura buena conducta. La escoltaba un racimo de bullangueros muchachitos que se peleaban por ser los primeros en abrazar a la abuelita y entregarle los regalos. Hecho el loco, el papá cerraba la comparsa.

Supongo que debe ser lindo recibir ofrendas de tanta gente que lo quiere a uno. Cuando mi abuela murió sacamos de los armarios decenas de bolígrafos, unos ocho teléfonos, cientos de portarretratos, docenas de dormilonas, cualquier cantidad de libretitas de teléfono, varios juegos de tacitas para el café, todo en sus cajitas y sin estrenar.

De las 36 personas que asistíamos a rendirle homenaje a la... Reina Madre, 20 éramos menores de edad y como tales, nuestra actividad favorita, especialmente cuando estábamos hacinados, era pelear. Peleábamos por agarrarle la mano a la abuela; por usar el vaso de flores rosadas; por estar junto, a los pies, detrás o, simplemente cerca de la abuelita; por un espacio debajo de la cama de la abuelita a la hora de jugar al escondite; por un codazo dado con saña en pleno juego de la ere y, al momento de comer, peleábamos hasta por un espacio en el bidet que nos permitiera ingerir ese tardío almuerzo con cierta dignidad. Éramos niños, ya lo dije. A esa edad conceptos como dignidad, amor o discreción son bastante primitivos.

Mientras, al grito de “¡niii-ñooo, cuidado con... (el florero, tu prima, el balcón, la abuelita, en fin)!” las madres intentaban mantener coherentes sus espasmódicas conversaciones. Entre tanto, ellos, los padres, seguían haciéndose los locos.

Nunca comprendí por qué siempre comíamos chupe. Por un tiempo, siendo ya adulta, pensé que era por motivos prácticos pero, cuando empecé a lidiar yo misma con muchachos que insisten en correr aún cuando lleven en sus manos un plato lleno de sopa, me asaltaron las dudas otra vez. Si a ver vamos, más seguros son los sánduches.

También ahora, después de vieja, pienso mucho en mi pobre abuelita; en las condiciones físicas y mentales, pésimas, seguramente, en las que estaría cuando teníamos a bien despedirnos. El mismo pensamiento se lo dedico a mi mamá y sus hermanas. Esos almuerzos los preparaban ellas, los llevaban, calentaban, servían, obligaban a comer, recogían y fregaban ellas porque ellos, no debemos olvidar, seguían haciéndose los locos.

En estos días la situación no ha cambiado mucho. Quizás haya algunas familias más cortas y otras más prácticas que prefieran encargar la comida o llevar a la homenajeada a hacer una hora de cola en un restaurant. Tal vez ahora haya hombres que, por aquello de la evolución de las especies, hayan comenzado a perder la capacidad de hacerse los locos y a desarrollar la facultad de organizar un buen almuerzo familiar sin asistencia femenina. Es probable que los regalos sean un poco más razonados y que los niños corran menos porque están pegados a la tele. Lo que sí es cierto es que todavía tenemos que –además de seguir participando del trillado chiste de “(cualquier cosa) para mamá” y sonreír (más por compasión que por adhesión)– ese día, salga sapo, salga rana, tenemos que seguir ejerciendo y, como dije alguna vez, hasta donde sé, cuando llega la fecha de homenajearlas, a las secretarias les dan el día libre.

La pregunta referendaria es:
Mujer. Madre. Mamá. Di, con el corazón en la mano y sinnn que te quede nada por dentro, qué prefieres:

A: La tradicional celebración de ese al que han dado por llamar “tu día”.

B: Que no te regalen nada pero a cambio te den el día libre; que salgan todos y te dejen en casa, solita, dueña y señora de tus pantuflas, de tu libro, de tu control de la tele, de tu tiempo, de tus pensamientos y de tus chucherías.


Favor enviar respuestas a la siguiente dirección:

anablack22@gmail.com

@AnaBlackLl

Paso y gano

        
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Salir de casa con un collar de bolas de plastilina, un gancho para el pelo hecho de palitos de helado, una pulsera de pitillos o un monedero de cachitos pulidos no es ni remotamente lo que una mujer considera el colmo del glamour . Como tampoco la máxima felicidad dominguera sea desayunar, a las siete y media de la mañana, chicharrón de huevo en caldo de aceite, carbón de pan y café frío con nata, todo bañado con el agua que se derramó del vaso en el camino del fogón a la cama. Mucho menos llegar a la cocina y encontrar un campo de batalla culinario donde, sin que se entienda por qué, si el platillo servido no llevaba harina, la haya regada por todas partes; o que el frasco de aceite recién comprado esté vacío y su contenido regado por el piso, las hornillas y las manillas de los gabinetes, o que como en concienzudo inventario, hayan sido sacados (y usados) todos los utensilios de cocinar, desde la aguja de coser el pavo hasta la olla de las hallacas.
Después de la sacrificada ingesta del desayuno sigue en el programa la entrega de regalos y tarjetas contentivas de solemnes juramentos de buena conducta y amor incondicional, que duran lo que tarda la mamá en abrigar sospechas, siempre en medio de empujones, de ``la mía primero!'', ``ese pitillo es de mi regalo'', o ``mamá, castígalo que rompió mi lazo!''. Si existe un padre viviendo bajo el mismo techo, se recibirá como regalo una de éstas tres inmancables alternativas, a saber: a) un par de zapatos feos y de otra talla; b) una dormilona Barbizon como para la abuelita y c) entregado con la picardía de quien regala un adminículo pornográfico, una moderna plancha a vapor!
Una vez recogido el maremágnum de papeles, lazos, pitillos realengos y pegotes de plastilina; luego de hechas todas las camas y limpiada la cocina, se engalana la mujer con las prendas al comienzo descritas y sale escoltada por sus retozones y ufanos hijos a continuar la celebración en casa de abuelita, quien ha estado cocinando desde la víspera todo un banquete para saciar el hambre de sus descendientes, que tan bellos ! vienen a agasajarla en su día. Otra alternativa es ir a un restaurante a hacer interminables colas y almorzar volando para desocupar la mesa.
El día de la madre fue invento de un degenerado que odiaba a la suya y que en una noche de creativo desvelo, dio con la manera de amargarle, en un solo día, todo el año. Lo calculó todo fríamente, desde los regalos inútiles hasta la justificación necia de hacerle un merecido homenaje a Mamá.
A los bomberos no les celebran su día prendiéndole candela a una fábrica de cauchos, ni a las secretarias poniéndolas a organizar los archivos de atrás para adelante. ¨Por qué a las madres nos obligan ese día a ejercer con más frenesí que el resto del año? Merecido homenaje sería que nos dieran el fin de semana libre. Que los reales gastados en zapatos, cuotas iniciales de lavadoras y almuerzos en la calle, fueran invertidos en distraer a la familia y damos el enorme placer de disfrutarlos a distancia.
 
@AnaBlackLl

miércoles, 28 de abril de 2010

Pues...



“Pues... bienvenidos a otra edición de La Noticia Rapidita que pues... se transmite desde esta hora y, pues... hasta la una. Entrando en materia pues... en lo referido al tema que ocupa pues la atención de la opinión pública del país como es el de las apariciones pues... les contamos que la ciudad amaneció pues... sorprendida de nuevo ante una invasión de fantasmas esqueléticos que pues... volaban sobre calabazas. En relación a esto pues... el director del CICPC dijo a nuestros reporteros que se trata pues... de otra estrategia terrorista de la oposición y que pues...”

Así habla ante cámaras y micrófonos la nueva generación de narradores de noticias de nuestros medios de comunicación. No sé de dónde habrán sacado que esa muletilla es elegante, ingeniosa o creativa; quién sabe, a lo mejor piensan que eso le da un toque coloquial a sus intervenciones y los acerca al público. Puede ser también que yo no esté actualizada y el puesismo forme parte de una nueva estrategia comunicacional aprendida en las universidades (así como el “háblenos un poco de...” o “el tiempo se nos viene encima”). Lo cierto es que, llegado el quincuagésimo octavo “pues” cuando todavía van por la mitad de la primera noticia, al menos a mi, no me queda otro recurso que cambiar de emisora o apagar el televisor para brindarle a mi cerebro la oportunidad de procesar la información una vez desprovista de muletillas y frases hechas. Y siempre termino haciéndome la misma pregunta: ¿No habrá en esa empresa alguien que siente a los muchachitos y los instruya, los oriente, los saque del error y de ñapa nos brinde a los oyentes un poco de paz? ¿No debería existir una figura que los tomara de la mano (o de la lengua) y les dijera, todo amor, todo espíritu didáctico: “mija (o), eso no se dice”? ¿Es que no hay nadie que les diga que el cantadito insoportable de los reporteros de CNN es, además de insoportable, producto de su condición de personas bilingües y que a los criollos les queda en extremo ridículo? ¿Hay alguien allí? Porque, y ya que estamos en esto, no es sólo el abuso de la conjunción, son las barbaridades que sueltan entre pues y pues. Un día, cuando ya mi asombro comenzó a dar muestras de extremo agotamiento, decidí anotar cada frase que me hiciera estremecer. A continuación...
Aunque no lo crean uno de ellos dijo que “no habían hecho caso omiso”. Otro nos contó que “aperturaron de nuevo el teleférico...”. Un día, una reportera percibía “un fuertísimo olor a...”, y otra se preguntaba que “hasta cuándo se puede estar tolerante”. Otro nos vendía las maravillas de la “Atención personificada” y todos quieren que entendamos que “la llamada cuesta 500 bolívares masiva”. Hace pocos días una chica nos hablaba de “unos infórmenes” (supongo que lleva acento en la o) que alguien había presentado. En una oportunidad sufrimos con un reportero que no encontraba la manera de “accesibilizar a...”, y con otro que, tras horas de espera nos explicaba que “eso me impide no moverme de aquí”. Lo acompañamos en su angustia y en la de quien, en el mismo estado de confusión, no sabía “cómo evitar que estas cosas no se repitan”. Un narrador deportivo hablaba de un corredor de Fórmula 1 que no había “volvido” a aparecer. De lujo estuvo aquella que nos explicaba algo sobre el “modus viviendi” y el otro que se refería al “modus operandin” y ni les cuento del de la “subsidiariedad”. Para qué hablar de quien describía cómo se habían dado los hechos en el “fraguor de la batalla”. Un saludo cordial a todos aquellos que todavía piensan que se puede permisar, accesar, controlabilizar, imputarizar y pensar deque.

Y, parafraseando a un narrador de noticias, pues... me despido hasta mañana donde... pues... estaremos de nuevo con...
 
@AnaBlackLl

viernes, 5 de febrero de 2010

Hijitodepapáymamá


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¿Y qué será eso tan malo que tiene ser hijito o hijita de papá y mamá? ¿Acaso ese no es el ideal de toda sociedad: que cada niño nazca, crezca, se desarrolle, viva y eche vaina teniendo a su papá y a su mamá al lado, atendiéndola, amándolo, vigilándola, apoyándolo, cuidándola, educándolo?
 
¿Qué querrán decir con eso de “ser hijos de papá y mamá” pronunciado así, con un dejo como de “fúchila que desgracia”? ¿Será una manera de (des)calificar a esas familias estables, amorosas, sanas, trabajadoras? ¿Acaso los muchachos (chas) –ricos, medio ricas, medio pobres y pobres en general- que tienen la fortuna de tener un papá y una mamá juntos, o un papá o una mamá cada uno por su lado, prósperos, estables, responsables y que los cuidan porque los quieren mucho, tienen que bajar la cabeza avergonzados, como si en realidad fuesen hijos de proscriptos por la sociedad? ¿O es que esta revolución boniii-taaa proscribe el amor, la prosperidad, la estabilidad y la responsabilidad? ¿O es que sólo se es hijitodepapáymamá cuando los ingresos familiares exceden una cierta cifra? ¿Mi hija no es hijitadepapáymamá porque anda en Metro y autobús y se paga sus chucherías? Si es así ¡de quién es hija! ¿Quién la crió?
 
¿Tendremos que esperar un artículo de la nueva, nueva Constitución que diga: “Ningún niño o niña tiene derecho –bajo ningún concepto imperialista- a padre, madre ni nadie responsable que ejerza esa reaccionaria función de velar por su bienestar”? ¿Se considerará anti revolucionario tener un hogar feliz y próspero? Y me perdonan que insista en lo de la prosperidad pero, es que me da la impresión de que todo lo que huela a mejoría social a este régimen le da como cosita.
 
¿Será que para la revolución boni-taaa unos padres que le ofrecen a sus hijos educación, alimentación, techo (con sus cuatro paredes y su baño), amor, protección, entretenimiento y alguito pa las golosinas son unos golpistasasesinos desestabilizadores del sistema bolivariano cuyo principal propósito es el de llevar a toda la población a disfrutar de la pobreza, la indigencia afectiva e intelectual (o al revés) y que nadie pueda aspirar a una solución habitacional mejorcita, cambiar el bus por un carrito europeo (o chino, total...) o -peor aún- ir ¡nunca jamás en la vida! a Dysney porque ser rico es malo y –en consecuencia- ser pobre es la no sé qué cosa de Triana?
 
¿Será?
 
 
@AnaBlackLl

lunes, 9 de noviembre de 2009

Diario de una familia soberana

Miércoles

2:45 a.m.
Tremenda bronca porque mi Negro, digo, mi Afrodescendiente se levantó para ir al baño
y la linterna estaba sin baterías otra vez. No hay manera de que los chamos entiendan que no es un juguete sino una herramienta patriótica.

4:00 a.m.
 Me levanto para ver si hay agua. Llevo en esto toda la semana, a nosotros nos tocaba racionamiento el jueves pero parece que el viernes en la mañana se les olvidó abrir
la llave que da para acá. Bueno, nos arruinaremos pero, por lo menos cagueta no
nos va a dar, como todo lo hacemos con agua de botellón…

5:15 a.m.
Encontré a Yelbys ofreciéndole 5 Bs. Pfff… a su hermano por su ración de agua para
el baño, dice que tres minutos no alcanzan para lavarse el pelo. ¡Y el otro que va y acepta! Si será…

5:23 a.m
Otra vez tengo que pelear con Yorman porque volvió a perder la tapara ¡ese carajito!

5:55 a.m 
Bueno, al fin arrancamos, la trompa de Yelbys Coromoto llega a la esquina, dice
que prefiere pelarse el coco antes que andar con el greñero sucio y Yorkis me reclama que el bicarbonato con que les froto las partes para que no huelan mal le tiene todo irritado.

6:47 a.m.
No hay agua en la escuela. No me importa, cada uno lleva su kit de aseo corporal
y su sanguchito.

7:26 a.m. 
El Metro se paró a entre dos estaciones… Y que otro muerto… No sé… Voy a llegar tarde otra vez.

8:03 a.m.
¡Ojalá haya agua en la oficina para quitarme este tufo a gandola ‘e ganao!

8:17 a.m.
Llego tarde.

8:18 a.m.
No hay luz y tengo que subir a pie.

8: 29 a.m.
No hay agua.

8:31 a.m 
Volvió la luz.

11:45 a.m.
Se fue la luz. El Jefe grita que se le voló el informe. ¡Gran cosota! A mí se me debe haber volado la nevera otra vez.

3:58 p.m. Me llama Papi por el vergatario. Él busca a los chamos porque la luz no volvió y… Se cortó la llamada.

3:59 p.m.
…Y que hoy salen temprano de la fábrica pero que va a tener que trabajar el fin de semana para ponerse al día con la producción. Parece que es complicado que no haya inyectadoras en el país… La verdad es.

7:13 p.m. 
Llegamos a casita. No hay luz. A subir los 9 pisos.

7:59 p.m.
¡Estoy mamá! No hay agua. Sánduche y Peisi para todo el mundo.

8:34 p.m.
¡Volvió la luz! ¡Eeeee!

8.45 p.m.
¡Ahhh! ¡Por fin! Mi camita y mi novela que está más buena…

9:00 p.m.
¿Qué? ¿Cadena? ¡¡¡Negrooo!!!

11:43 p.m.
Me dio un yeyo y mi N… mi Afro me tuvo que llevar al módulo pero estaba cerrado.
En el CDI me dieron un té de tilo porque no había inyectadoras.

12:21 a.m.
¡Ca-pi-cú-aaa!: Le puse a cada uno un tobo al lado de la cama. Mañana llego tarde
y digo que se fue la luz y el despertador no sonó. ¡Ja!
 
 
 
@AnaBlackLl

sábado, 24 de octubre de 2009

Y… ¿pa’ qué ‘ta la Revolución?



Bueno… la Revolución ‘ta para… preocuparse…

‘Ta para cubrir cada incompetencia con un nuevo ministerio.

‘Ta para que gobiernen desde La Hojilla.

‘Ta para alumbrarnos con velas.

‘Ta para botar la nevera a la octava quemada del motor.

‘Ta para baños de 3 minutos sin música ni champú.

‘Ta para que se caigan los puentes.

‘Ta para que no haya escuelas.

‘Ta para que no haya maestros porque no les pagan.

‘Ta para importar lo que antes producíamos en abundancia.

‘Ta para que nos roben, nos secuestren, nos maten.

‘Ta para que nos ignoren si reclamamos y para que no podamos reclamar.

‘Ta para que demos a luz en la acera y para que se nos muera el carajito en brazos.

‘Ta para que no nos paguen la pensión y para que no nos reconozcan los derechos laborales.

‘Ta para que no haya ancianos porque no les pagan.

‘Ta para que no tengamos donde curarnos.

‘Ta para repudiar a nuestros profesionales y favorecer a extranjeros mediocres.

‘Ta para que no haya médicos porque no les pagan.

‘Ta para taparear la corrupción.

La Revolución ‘ta para trampear las leyes.

No ‘ta para paquete.

Sí, como que ‘ta para paquete.

¡Que no ‘ta para eso, camarada!

¡Que sí, que ‘ta para paquetazo!

‘Ta para aniquilar el antagonismo a-co-mo-de-lu-gar.

‘Ta para dividir.

‘Ta para deleite del oportunista.

‘Ta para que nos muramos de mengua mientras se embucha el resto del continente.

‘Ta para que no tengamos casa.

‘Ta para que seamos pobres y nos alegre serlo.

‘Ta para que mejor nos mudemos a Bolivia.

‘Ta para llorar.

¡La Revolución ‘ta para tapara!


 
@AnaBlackLl

martes, 22 de septiembre de 2009

Lenguaje , discurso y modelaje

En estos días, mi hija Victoria, quien ya tiene 24 años, es licenciada en Artes Plásticas, trabaja y tiene novio, o sea, es grande, me explicaba cómo debía proceder para resolver un problema técnico que teníamos en la cocina: “Agarras el cablecito y lo pasas por el huequito que está justo debajo del suichecito rojo, después le pegas un pedacito de teipe, metes el tornillito y lo peroleas con el bichito de estrías”.

Impactada por el abuso del diminutivo, le llamé la atención, le di a entender que era casi patética la manera en que acababa de hablar, tanto, que hasta le perdonaba el verbo perolear. “Mamá” me dijo con cierta tirria en la mirada, “tu tienes toda la vida hablándome así”.

Y es verdad. Ella tiene 24 años y yo todavía le digo “hijita” y le pregunto qué prefiere para acompañar el pollito, si pastica o arroz. Le escribo por el celular que traiga lechita para la cena, y le pido que me acerque la bandejita del café, o los mantelitos individuales, o las cucharitas para el postre.

No crean, me cayó muy mal que me lo echara en cara con tal rudeza porque yo he pasado toda la vida luchando contra ese sufijo sin ningún éxito, sin ver que ya forma parte de nuestra historia patria, de nuestra esencia nacional, que es uno de los más importantes eslabones de nuestro genoma humano local.

Pocos habitantes de este país se libran de esta modalidad oral dado que el 90% de las madres venezolanas y el 90% de las abuelas y el mismo porcentaje de las bisabuelas y de todas las generaciones anteriores desde Guaicaipuro para acá le hemos hablado a nuestros hijos “en chiquito”; el 10% de mujeres que no lo hizo está integrado por inmigrantes que no sabían que eso se podía. ¡Seguro! Mujeres que, a los cuatro meses de haber desembarcado en Venezuela, lo más probable es que ya le estuvieran hablando tuñequeado a sus niños.

Desde los tiempos prehispánicos a los venezolanos nos han consolado el dolor de barriga con aquello de sana, sana culito de rana; nos enseñaron a recitar con el sapito lipón; nuestros villancicos están plagados de caballitos y burritos que van a Belén; nuestras primeras oraciones están cundías de virgencitas y niñitos Jesús, y plenas están nuestras poesías de angelitos multiétnicos y ratoncitas presumidas. Mi abuela le cantaba a esa misma niña, mi hija, mientras la mecía en sus rodillas, esto: “Antonio Retoño mató a su mujer con un cuchillito del tamaño de él…”. Si alguna vez me preocupó esto del affair modelaje y lenguaje fue en esos tiempos porque, debo decirles, Antonio se llama el papá de la criatura. Ante mis angustiosos reclamos, la dulce ancianita me respondía, con cierta indiferencia, que esa niña no entendía qué le estaba diciendo sino cómo se lo decía.

Los niños venezolanos hacen pupusito, se tiran peítos, se suenan los moquitos, comen camburcito y uno les pone el suetercito para que no se enfermen.
Hemos formado hombres que, aunque se bajan del carro mirando a la distancia con displicencia, caminan como si lo que llevaran entre las piernas, fuera más bien un fardo de algodón, se dirigen al empleado de la arepera con voz recia y le dicen: “Pana, primero tráeme un vasito de agua”. Varones, varones que piden la colita y se despiden mandando besitos.

Otro caso que se me ocurre nos puede haber estado jugando una mala pasada en cuanto al modelaje inadecuado a través del lenguaje es el de las imprecisiones y eufemismos como, por ejemplo, llamar totonita y corotico a lo que les conté; decirle aquello a lo que les conté pero cuando describe al de los adultos; referirse a la ex como la innombrable, y mandar a la gente para tú sabes dónde.

Tenemos también el tema de los vocablos genéricos, los comodines que usamos para todo y que nos facilitan tanto la comunicación como son el perol, la vaina, la verga (perdón), el peo (perdón), o sea… o sea, sí, osea y (perdón) la güevoná, además de los verbos -también genéricos- bichar, perolear, furular y joder (perdón). No voy a ahondar en ese tema del que tanto se ha hablado, pero los venezolanos estamos, además de muy cómodos con esta fórmula tan poco exigente, convencidos de que, con la adecuada combinación de esas palabras y un poco de expresión corporal, estamos resueltos, aquí y en Kutusiapón. Casi políglotas, pues.

Los docentes merecen un capítulo aparte. Sólo voy a exponer dos ejemplos que por gráficos, se bastan solitos para representar cuán desviados pueden estar del concepto modelaje. Ayer oí a una directora de una escuela del Estado Zulia decir que: “la influencia de alumnos en ese primer día de clases había sido muy poca". Cuando mi hija estaba en primer grado, que es cuando cualquier vaina (y no pienso pedir perdón esta vez, ya verán por qué) los moldea, la maestra le escribió en el diario esta cariñosa notita: “Victoria, te felisito, haz mejorado mucho, se ve que te esforzastes y estás dispuesta ha trabajar…”. Si ese va a ser el modelo, la verdad, es preferible que los dejen rústicos.

No sé qué es peor si la limitación a cinco palabras, tres verbos y mucha gestualidad para establecer una comunicación fluida con los congéneres, o el empeño en parecer leídos y acuñar términos como: beneficiencia, impertensión –que vaya usted a saber cómo se escribe- dificultuoso, abarcativa, presirio, alquilino, odjeto, tecto, Disic, colacso, sud empleo, expontáneo, en fin. Tampoco sé si debo sentir lástima o ternura hacia aquellos que, parados frente a un micrófono, se sienten poseídos por el espíritu de Cervantes en su décimo octava generación tropical y declaran cosas como:

–Se arriesgó a despensas de su seguridad.

–Yo ni independiente con eso.

–Gratitud de regalo.

–Esas tuberías quedaron icsofactas cuando se las llevó la crecida del 99.

–Nadie puede andar acusando así, aprioríticamente.

– Los blanco tiradores estaban en aquel edificio.

No quisiera, de verdad, meterme con el ya tan vapuleado sector de los comunicadores sociales pero... pero... es que si el tema va de modeladores me veo obligada a dedicarles unas cuántas líneas a algunos de estos profesionales que se empeñan más bien en tomar la vía opuesta. Llevo años recopilando barbaridades que dicen sin ningún empacho en radio, televisión y periódicos
A ellos hago responsables de haber masificado el uso de cosas (perdón) como: aperturar, abocarse, a la altura de, con base a, y conjuntamente con. A ellos, importantes modeladores de nuestras conductas les he leído y oído cosas como:

– …y también están los animales mamíferos opíparos, o sea, que nacen de huevos.

– El incendio fue oportunamente propagado por los efectivos del cuerpo de bomberos.

– Entre los secuestrados había una dama en estado de ingravidez.

– Vamos a recapistular.

– Estamos esperando a las puertas del Metro, que permanecen cerradas, a ver si alguien nos dice cuándo abrirán este importante medio de comunicación.

– A través de Facebook y Twitter los famosos están constantemente intercontinentados con sus fans.

Hay más, bastante más, les juro que mucho antes de que la Fiscala lo dijera ya una reportera de El Universal nos había contado que los cadáveres muertos habían sido trasladados a la morgue de Bello Monte.


Un inglés me dijo un día - y me lo dijo allá, en su tierra, donde yo no pude más que bajar la cabeza- que la diferencia entre ellos y nosotros es que por lo general allá en el hemisferio norte la gente pierde el autobús, a nosotros por el contrario, el autobús nos deja. Si eso no es un modelaje chimbo, ya me dirán…

Y aquí retomo lo del culito de rana ¿no será que entre eso del perverso autobús que nos deja y aquello de “si no sana hoy sanará mañana y si no cuando le de la gana” pueda estar el germen del “como vaya viniendo vamos viendo”, que, junto a cierta pereza para pensar, es uno de los grandes motores de la esencia venezolana?

Si de verdad el lenguaje modela ¿tenemos futuro los venezolanos habiendo crecido esculpidos por los diminutivos, las imprecisiones, las groserías y el libre albedrío oral?

Dejo esta preocupación a los entendidos, yo soy apenas una ciudadana ansiosa por llegar a mi casa a prepararle unas arepitas a mi hijita.

Buenas tardes.



Altamira, 17 de septiembre de 2009

Segundo encuentro Diálogos con el lenguaje, auspiciado por la Fundación Conciencia Activa http://www.concienciactiva.org/ y el Banco del Libro http://www.bancodellibro.org.ve/

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Preguntitas



¿Por qué son malas las bases militares gringas y las rusas no?

¿Qué es una minoría?

¿Qué es una mayoría?

¿Son lo mismo? ¿Una mayoría puede ser minoría a la vez? ¿Lo ideal no es que las mayorías manden?

Si, según voceros del régimen, quienes hacemos oposición a sus desmanes somos minoría ¿terminaremos siendo mayoría gracias a esa ley? ¿Ganaremos la mayoría de las curules en la Asamblea?

¿En la Asamblea hay curules?

¿Qué es más perjudicial para la salud mental: escuchar lo que está sucediendo en el país
o escuchar los insultos de El Mandador? ¿El enguerrillamiento constante de el hombre
en Miraflores con el mundo entero –o casi- o las súplicas de los comerciantes para que
no cierre la frontera?

¿Qué nos hace más daño más, saber que hay escasez de café porque los agricultores dijeron: “¡la pezuña! mejor siembro jojoto” o las amenazas constantes de el antes mencionado presidente?

¿Desconocer, humillar, insultar, acosar a la mitad de la población es una técnica terapéutica de gobernar?

¿Qué es más nocivo para la dignidad nacional: el deshoje de la margarita colombiana
en la que se pasa El Mandador o que esa cómica sea transmitida?

¿Supieron que vuelve Popi?

¿Será verdad que si no se habla de los problemas, deficiencias, carencias, muertes,
no existen?

¿Ir a la morgue es una experiencia extra sensorial? ¿Esa gente no está ahí? ¿Pagar rescate por el hijo secuestrado una sensación psicotomimética? (Con ustedes, mi cédula).
¿Acaso los venezolanos estamos padeciendo, más que sensaciones, alucinaciones colectivas?

¿Los medios de comunicación venezolanos son tan atrinca que pueden inventar temblores de tierra y diluvios o el pueblo venezolano es tan pendejo que sólo se da cuenta
de que tembló arrecho en la escala de Ritcher y llovió a cántaros sólo cuando lo dicen
los noticieros golpistasasesinos?

¿La ley CDM va a regular a tooodos los medios de comunicación? ¿Va a sancionar a todos los habladores que se excedan, que ofendan, que mientan, amenacen, desinformen,
se encadenen, en fin…?

¿Qué significa en realidad CDM?

¿Los revolucionarios bolivarianos patria socialismo y muerte venceremos que tienen
a sus hijos en colegios privados se van a calar esa ley de educación o los van a mandar
a estudiar a lugares menos severos?

¿Por qué será que este régimen es tan afecto a hacerlo todo amparado en la oscuridad,
o sea, por la espalda, de noche, escondido, de caleta pues, para decirlo en lenguaje oficial?

¿Al recibir la banda presidencial se pierde la condición de conspirador y golpista
y se adquiere la de descarado incompetente?

¿Diez años no es nada?

¿Ah?


 
@AnaBlackLl

La fulana universidad

“Ahora el Ateneo va a ser del pueblo…” dijo el Teniente Coronel Comandante Presidente etc., como si hasta ahora el Ateneo hubiera sido una sala de fiestas para élites adineradas y no un centro donde durante décadas se han expresado de manera directa y pública,
con micrófonos y a sala abierta todas la corrientes artísticas, científicas, literarias y políticas –incluida la del mismo Mandador- venezolanas y universales.

El Teniente Coronel etc. no entiende que el Ateneo no es un edificio, el Ateneo
es un concepto, una manera de concebir la vida; es un germen, es un virus más atrinca que el de la fiebre porcina porque no tiene cura. Quisiera ayudar al Mandador y sus adláteres (hermoso eufemismo de chupamedias) a entender esto de los conceptos,
las ideas, la cultura en general: Ateneo, en el diccionario (el diccionario es un libro bastante grueso, burda de útil que trae las definiciones de las palabras) es definido como “Asociación cultural, generalmente artística, científica o literaria”. Así de simple.

A-so-cia-ción, muchachones(as), A-so-cia-ción, o sea, y según el mismo mataburro
“Juntar una persona con otra para concurrir a un mismo fin.” y contra eso no se puede,
si lo sabrá Su Comandante que se estuvo asociado para conspirar y dar sus golpes de estado durante ¿cuánto es que dijo? ¿dos décadas? Él debe saber que cuando se trata
de debatir ideas el problema no está en el local.

El local va a presentar problemas cuando intenten meter en allí a los miles de estudiantes de una Universidad Nacional Experimental de las Artes que no existe, que es otro antojo del Mandador y su burda ejecución por parte de algún adlátere quien, ¡en tres meses, tres! hizo para el Jefe la puesta en escena de una mamarrachada con primera promoción y todo. Una bufa primera promoción de UNEARTE celebrada en el Teresa Carreño.
Como en la canción: “Que alguien les diga…” que un proyecto tan hermoso, complejo
y necesario (o sea, vergatario, dicho en revolucionario culto) como una universidad
de las artes se concibe primero, se planifica, y después se construye. No se despacha
así de un teresacarreñazo.
Así es que, lamento comunicarles que, ni acabaron con el Ateneo, ni empezaron con
la universidad. Fieles a su conducta, siguen destruyendo todo lo bueno que tenemos
y montando unas fantasías de papel de seda que se decoloran y desintegran apenas
les pega un solecito.

Sigan así.


 
@AnaBlackLl

martes, 18 de agosto de 2009

Playas y habichuelas

Yo andaba en estos días con una sensación endógena de cansancio, de agobio,
de angustia, de inseguridad hasta que un gran amigo me sugirió que dejara de ver Globovision y ¡santo milagro! se me pasó todo. Ahora salgo a la calle toda Tess, serena, tranquila, segura, tanto, que no hice sino reírme cuando supe que –y que- volvieron
a asaltar la panadería; ni hablarles de la novela de mis amigas Olga y Olga, dicen que
-y que- les hicieron secuestro múltiple junto a todo el edificio y las mantuvieron a punta de pistola durante seis horas ¡Pfff!; y a Luz, la muchacha que viene a trabajar a mi casa
ni me molesté en darle el pésame por la y que muerte de su cuñado a quien y que lo asaltaron cuando y que venía de buscar a los carajitos y que a la escuela. Fue pasmoso, dejé de sintonizar ese canal supe que había azúcar en todo el país, que nadie le debe
a las enfermeras de Barrio adentro y que los trabajadores petroleros disfrutan del contrato colectivo más considerado del mundo.

Como la sensación de bienestar fue tan apabullante decidí tomarme unas vacacioncitas. Pensé en ir a Curiepe a visitar las playas de la zona, ver si ya habían sustituido a la Patrona por el Che y de paso disfrutar los tambores en la fiesta de la Virgen pero,
la verdad, de inmediato, llena de vergüenza endógena, me pregunté casi furiosa:
“¿y mis hermanos? ¿Y mi solidaridad con mis entrañables co-continentales?
¿Y mi compromiso ancestral con la Pachamama?”. Entonces vino la luz revolucionaria
y ¡júaaa! me iluminó, conecté las ondas alfa-aborígenes y el resultado fue: Quisqueya. Para allá me fui, a aprovechar el equitativo intercambio derivado de lo que las futuras generaciones del mundo de la economía conocerán como la doctrina PetroCaribe.

Me hospedé en el complejo turístico social Casa de Campo Siglo XXI, en La Romana.
Todo fue espectacular, desde el recibimiento de reina revolucionaria (o soberana) hasta el hecho de que era gratis pero, lo más conmovedor, lo que me hizo sentir parte real de este proyecto Inter Continental fue encontrar sobre la cama un detalle tan hermoso, tan particular y sobre todo tan curioso para alguien como yo procedente del trópico: ¡una delicada pieza de cerámica realizada por un artista de Altos de Chavón llena de habichuelas (o frijoles negros, como le hemos dicho toda la vida en Venezuela a esa exquisitez dominicana)! El potecito venía atado con una cinta roja rojita de la que pendía una tarjeta con la foto de nuestro Mandador y esta leyenda:

“En República Dominicana sembramos el petróleo”.


 
@AnaBlackLl

viernes, 5 de junio de 2009

Aplatanados*



El otro día fui al Centro Cultural La Estancia donde se escenifica el más importante de los actos culturales nacionales, orgullo de la Revolución: Mercal Pollo-carne. Pasé un mal rato, la verdad, porque nadie me entendía, tanto así que volví a casa con las manos vacías. Estuve pensativa, como en las nubes tratando de descifrar el misterio cuando ¡albricias! mientras veía la tele me llegó la luz a través de este comunicado institucional del Régimen Bolivariano:

–Transmitimos este mensaje de manera gratuita y obligatoria de conformidad con el artículo nomeacuerdo de la ley resorte: “¡Coman frijoles!”. La oración es el sumario de toda una apología hecha a lo que hasta ahora fueron nuestras caraotas y, de un cubanazo, pasaron a ser ¡frijoles!

Volví al mismo culturoso agromercado pero esta vez, gracias a que llevaba el glosario a manera de lista, regresé a casa con todo lo que necesitaba para la vitualla semanal. Compré de todo: unos boniatos perfectos para hacer unas frituras y un paquetito de bijol porque le ofrecí a mi amigo Víctor unos tamales para su cumpleaños. Llevé un aguacate enorme para preparar el guacamol para la barbacoa que vamos a hacer el sábado.

Más allaíta pedí 1 libra de huesos de puerco, ¾ libra de masa de puerco, 1 ½ libra de yuca, malanga y calabaza. 1 plátano vianda verde y otro pintón, varios cebollinos, tres mazorcas de maíz y par de ajopuerros para preparar un ajiaco bien criollo como le gusta a mi compai Randol. Las coles, hay que decirlo, no estaban muy frescas. Aproveché de traerme 1 libra de chicharrones de empella de cerdo para picar.

Conseguí un boliche de unas tres libras para un asado y otras dos libras de falda para prepararle a los muchachos su desayuno dominguero, no perdonan sus tortas de maíz con ropa vieja y frijoles negros. ¡Me matan si les doy otra cosa!

Por fortuna había chícharos y bacon para hacer un potaje; también llevé unos frijoles rojos que a mi mamá le encantan cuando se los preparo con costillitas de puerco. Compré dos libras de cada uno porque había.

Como también había azúcar prieta aproveché que tenía unos baros y me llevé una libra para preparar un dulce de fruta bomba de ese que tanto le gusta al Mandador. (Quería celebrar en familia que a los diez años de la Revolución por fin mandó a organizar una cruzada contra la inseguridad. No podemos negar que se han fajado).

En definitiva, fue un día de mucho aché pero me tuve que ir porque ya estaba bruja.
–––––


GLOSARIO

Aché
: Suerte, buena energía, buena estrella, referente a desearte triunfo se dice que tengas mucho Aché.

Agromercado:
Recintos donde se venden productos del campo.

Ajiaco:
Es una especie de sopón hecho con varios tipos de viandas, carnes y vegetales. Hoy se le
conoce como "Caldosa".

Ajopuerro:
Ajoporro

Aplatanado:
Adj: Cuba. Se dice del extranjero que habla, piensa y actúa como cubano.

Azúcar prieta:
azúcar morena

Bacon:
tocineta

Barbacoa:
Parrilla

Baro:
Peso, Bolívar F.

Bijol:
Onoto

Boliche:
asado cuadrado

Boniato:
Batata

Bruja (Estar bruja):
No tener dinero.

Calabaza:
Auyama

Chícharos:
Arvejas

Col:
Repollo

Frituras:
Torticas

Fruta bomba:
Lechosa

Guacamol:
Guasacaca

Libra:
Medida de peso equivalente a 0,45359237 Kg.

Malanga:
Ocumo

Potaje:
guiso

Ropa vieja:
Carne mechá

Tamales:
Hallacas

Vianda:
Alimento que acompaña el plato fuerte. Plátano, boniato, malanga, ñame, yuca,
plátano burro y plátano fruta. O sea, baranda


 
@AnaBlackLl