jueves, 3 de octubre de 2013

Decálogo del buen cacerolazo




1.     Lo primero que debe saber es que, para cacerolear, si no se está lo que en política dura  llaman arrecho, eso va a terminar siendo una tocaíta solitaria de paila sin trascendencia alguna. Es probable que si usted está muy, muy disgustado, otros 7.302.641 de ciudadanos –y hasta más- lo estén también, ese es el momento de hacer bulla.
2.     Acumule lo escuchado durante el día. Todo: arbitrariedades de presidentes(tas) de tribunales; desafueros de fiscalas(los, les); mentiras de ministros(tras); vaivenes de organismos(mas) electorales; contradicciones lacrimosas de Ilegítimos; desenfrenos de diputadas(dos), en fin, cada barbaridad, cada desatino, todo disparate que lea y vea, guárdeselo ahí, entre el cerebro y la muñeca. Nunca en el corazón.
3.     El éxito de un buen caceroleo –y en consecuencia de un estupendo cacerolazo- está en el movimiento de la muñeca, como en el juego de bolas criollas. No se ponga a darle a esa perola con todo el cuerpo porque va a terminar choreto, cansado e impedido para cumplir su tarea al día siguiente. Quizás no suene tan duro pero va a aguantar bastante y en esta actividad priva la duración sobre los decibeles. Recuerde que usted integra una entidad que gana presencia por acumulación de ruido. Haga la prueba, sólo movimiento de muñeca: Afuera impulso, adentro ¡clan! Afuera impulso, adentro ¡taca! Verá que con esta técnica el cambio de mano por cansancio es casi innecesario.
4.     Se vale gritar, eso anima bastante. Cuídese de vociferar insultos para no enrarecer el ambiente gozón del cacerolazo. Piense en palabras preferiblemente cortas, contundentes y que terminen en vocal para que pueda arrastrar la última sílaba y aumentar el impacto, Ej: ¡Baluuuurdooo! o ¡No me la caaalooo!, ¡Mentirooosooos!, ¡Trampooosaaa!, ¡Auditoríaaa! y cosas así. Ya para el cierre queda muy lucido aullar ¡Ataca Flacooo!
5.     Herramientas de reciente incorporación son los chiflidos y las vuvuzelas (que suenan que espantan, me encantan). Bien distribuidos en el vecindario (tanto chifladores como cornetas) le dan otra dimensión a la protesta.
6.     Dele a lo que sea mientras sea material, suyo y suene (es decir, no le pegue al suegro). A nadie le importa cuántas pailas destroza, recuerde que es una protesta ciudadana y pacífica y pública privada. Una ollita de aluminio con destornillador o un tobo plástico con cuchara de palo sólo van a enriquecer ese concierto de quejas.
7.     No se deje apabullar por el lanzamiento de fuegos artificiales, cohetones y otros artilugios explosivos. Esas son cosas del culillo; caras sí, carísimas, por eso deben convertirse en alimento de la rabia para seguir en el taca-taca. Cada vez que explote un cohetón usted tiene que pensar en cuántos cuadernos se podrían comprar con lo que costó y ¡clan, clan clan…! Cada vez que se ilumine el cielo con una serie de fuegos artificiales calcule cuántas diálisis se hubieran podido realizar con ese dinero, cuántos tratamientos a niños con cáncer, camas de hospital, recuperación de cárceles, escuelas y ¡taca taca taca...! Calcule el despilfarro del régimen queriendo acallar la protesta lanzando desde edificios del gobierno y dele a esa olla con furor. Todo el ruido que hagan explotando el cielo no va a acallarles la miseria que vive en ellos.
8.     Puede vivificar la actividad sirviéndose un traguito, total, no va a manejar.
9.     Ponga música, baile, está en nuestra esencia protestar cantando. Hay temas muy apropiados y este https://soundcloud.com/search?q=mentira%20fresca se ha convertido en favorito de la temporada.
10.  Termine cada jornada diciendo: “¡Toma tu tomate! Hoy te cacerolié más que ayer y menos que mañana”. Y no olvide que así como no se puede oprimir en nombre de los oprimidos, tampoco se puede cacerolear en nombre del caceroleado. ¡Faltaba más!

@AnaBlackLl
  


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